Vos, acá y ahora.
- askawoodworking
- 30 jun
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Creo que es interesante hablar sobre los productos importados. Me parecen una excelente opción en muchos casos. Hay productos de gran calidad y diseños muy bien logrados, muchas veces inspirados en marcas reconocidas o incluso fabricados por ellas.
Sin embargo, con las sillas me pasa algo distinto. No sé si será porque llevo más de una década fabricándolas. Quizás me ocurra lo que dice el viejo dicho: "Si la única herramienta que tienes es un martillo, todo te parece un clavo."
Pero cuanto más observo cómo usamos una silla, más convencido estoy de que no es un objeto cualquiera. Una silla no es solo una pieza de diseño; acompaña hábitos, costumbres y formas de vivir.
Muchas de las sillas que llegan importadas fueron pensadas para otros mercados, con otras viviendas y otras maneras de habitar los espacios. En Argentina solemos vivir la silla de otra forma. Nos sentamos durante una sobremesa que se extiende, compartimos un mate, una charla, trabajamos desde casa, la arrastramos de un ambiente a otro, nos subimos para alcanzar algo en un estante y esperamos que siga firme durante años.
Por eso, además de ser linda, una silla para nosotros suele necesitar otras cualidades: un asiento generoso, una estructura resistente, una comodidad que invite a quedarse y una construcción capaz de soportar un uso cotidiano, muchas veces intenso.
Tal vez por eso sigo creyendo que, cuando se trata de sillas, diseñar pensando en la forma de vivir de quienes las van a usar es tan importante como el diseño mismo.

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